José Manuel Bezanilla y Ma. Amparo Miranda
Ya comenzó el maratón navideño, de reuniones, compras y preparativos para estar con la familia, pero creo que vale la pena detenernos a reflexionar bajo tres preguntas fundamentales de este artículo: ¿Qué significa festejar la navidad en familia?, ¿la navidad en familia es solo darse regalos y cenar?, ¿es válido reunirse cuando las familias están fracturadas o tienen conflictos?
La Navidad, como la conocemos, es una festividad de origen católico que se ha convertido en una fecha comercial, en la que pareciera sólo cobrar sentido cuando se compra o regala algo, sin embargo, en realidad la idea primaria y fundamental es reunirse en grupo para compartir, celebrar el fin del año y fortalecer los lazos familiares.
A partir del resquebrajamiento de la familia extendida y el surgimiento de la familia nuclear, las personas se han encontrado con una fuerte soledad, ya que la distancia debilita los vínculos sociales y emocionales, de ahí que nos hemos visto en la necesidad de buscar pretextos para reunirnos y festejar lo que sea, situaciones que ni los medios ni el mercado han dejado pasar, de ahí que toda fecha especial se vea siempre permeada por el omnipresente fantasma del consumismo.
Retomando las preguntas iniciales de este artículo, en la primera cuestión, relacionada con la navidad en familia, nos parece que lo más importante es la ocasión de re-encontrarnos con nuestra sangre, hacer un ejercicio de regreso a las bases y orígenes que nos vieron nacer, para recordar quiénes somos y de dónde venimos -situaciones tan fáciles de olvidar en los tiempos actuales-, siendo una buena oportunidad para nutrirnos y fortalecernos de nuestro grupo de origen.
Lo anterior conlleva al segundo aspecto: los regalos y la cena son el pretexto para demostrarle al otro lo que significa para nosotros, así que más que gastar todo el aguinaldo luciéndonos con el mejor regalo para la abuelita o el más caro para los hijos, es más valioso el dedicar tiempo y compartir, estar con aquellas personas que son significativas y con las que merece la pena terminar un año de trabajo.
Con relación a la tercer pregunta, nos parece que este tipo de encuentros pueden ser una buena oportunidad para zanjar las rencillas y limar las asperezas que pudieran haberse acumulado de tiempos anteriores; para ello la persona debe estar dispuesta a escuchar al otro y a reconocer su responsabilidad dentro de la situación que pudo ser conflictiva, ya que de lo contrario solo se recrudecerán los resentimientos y las personas quedarán atrapadas por la inercia de la costumbre y esclavas del consumismo.
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