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LA APATÍA DEL JOVEN MEXICANO

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Psic. Moisés Fernando Balcázar Becerra* //  Psic. María Amparo Miranda Salazar**

altCuando se trata de describir al joven mexicano actual, las primeras impresiones que algunos nos generamos al respecto es de que son rebeldes, negativos, agresivos, cerrados en su comunicación y en especial con conductas de riesgo; muchos de estos comportamientos son propios de la etapa adolescente en la que se establecen los ideales y se reconocen los valores. Estos aspectos son necesarios para que el adolescente entre al mundo de los adultos teniendo una poderosa razón en la cual creer, y sentirse parte de él.

 

No obstante lo anterior, pareciera que el joven vive y experimenta la realidad como algo ajeno, donde el sonreír se ha vuelto algo mecánico más que una expresión espontánea; asimismo, las charlas que sostiene con sus amistades, familiares y demás personas que conviven a su alrededor, carecen de significado.

Sin embargo, los jóvenes mexicanos tienen que hacerle frente a la apatía que la sociedad pareciera querer generar en ellos. Esa “desmotivación”, que refleja y hace evidente la sociedad a través de diversas conductas que sólo consumen tiempo y esfuerzo, bien podrían estar dirigidas a situaciones estimulantes y con fines de desarrollo personal, que lograrían desarrollar en los jóvenes comportamientos asertivos y satisfechos de lo que creen y de aquello que los hace sentir bien.

Debemos entender que cuando hablamos de “apatía” no nos referimos a las acepciones comunes de inactividad y desinterés, que bien pueden ser confundidas con las características de una depresión, sino a la falta de creencia en una convicción autogenerada que los haga actuar en beneficio propio, y no necesariamente como lo esperaría la sociedad.

Por lo tanto, debemos evitar que nuestros jóvenes caigan en ese “vacío” en el cual coexisten, con la incertidumbre y temores infundados sobre su capacidad para lograr sus objetivos y metas. Algunos adultos solemos dar como un hecho que los jóvenes generan experiencias muy propias, pero los descalificamos y hasta, en ciertas ocasiones, alteramos sus propias experiencias, al grado que para ser aceptados y amados los chicos se conforman con “repetir o imitar” conductas, comportamientos o ideologías que de otra forma hubieran sido creadas de manera original por ellos mismos y con su esencia.

Está en nosotros como sociedad eliminar esta apatía:

1. Al no desmeritar al joven por su corta edad o poca experiencia

2. Al comprender sus motivos e impulsos, no calificándolos como vagos u ociosos.

3. Permitir que nuestros jóvenes construyan su propia valía y confianza al “dejarlos ser”, con límites bien fundamentados y enseñándolos a ser responsables de sus propias conductas y decisiones.

Recordemos que todos fuimos jóvenes y nos equivocamos, pero eso nos permitió convertirnos en los adultos inteligentes, maduros e integrales que somos hoy en día. Permitamos a nuestros chicos seguir su propio camino, acompañándolos en el proceso. Si esto es muy difícil para el padre o el joven, siempre es posible buscar una asesoría o apoyo profesional. Un psicoterapeuta puede ser de utilidad en este proceso.


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*Moisés Fernando Balcázar Becerra, psicoterapeuta especializado en la atención de adultos y parejas.

**Amparo Miranda, psicoterapeuta y directora de servicios clínicos de Psicología y Educación Integral, A.C.

 

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