La edición de febrero de Mayo Clinic Health Letter explica las últimas alternativas para controlar el dolor y sus ventajas.
Hace diez años, a los pacientes que requerían un reemplazo de cadera o rodilla se les administraba exclusivamente anestesia general durante la operación y después, narcóticos intravenosos para controlar el dolor. Dicho abordaje aún funciona en la mayoría de gente y se utiliza mucho, pero tanto la anestesia general como los narcóticos intravenosos pueden provocar náusea, vómito, somnolencia, estreñimiento y otros efectos secundarios.
Apenas iniciada la primera década del siglo XXI, los anestesiólogos de Mayo Clinic empezaron a desarrollar nuevos protocolos para administrar anestesia en las cirugías de reemplazo de articulaciones, los cuales combinan de manera diferente técnicas analgésicas y anestésicos conocidos. El objetivo era erradicar la necesidad de recurrir a la anestesia general y a los narcóticos intravenosos, con sus consiguientes efectos secundarios.
Si bien los nuevos procedimientos podrían variar, normalmente implican lo siguiente:
Elección: incluso con los nuevos protocolos, los pacientes pueden escoger entre anestesia regional que entumece la mitad del cuerpo o anestesia general.
Analgésicos al inicio: se administra una combinación de narcóticos orales antes de la cirugía. Los narcóticos orales conllevan menos efectos secundarios que los de administración intravenosa. Esta técnica ayuda en la recuperación, sea que se haya empleado anestesia general o regional.
Sedación: la administración de sedantes antes de la operación ayuda a que durante el procedimiento con anestesia regional los pacientes duerman, sin perder la conciencia.
Bloqueo nervioso: mediante un catéter se infunde un anestésico local cerca del lugar de la operación durante 48 horas. Los bloqueos nerviosos se realizan conjuntamente con la administración de anestesia general o regional.
Analgésicos orales después de la cirugía: en más de 95 por ciento de pacientes se puede controlar el dolor posterior al retiro del bloqueo nervioso con analgésicos orales, tales como acetaminofén (Tylenol y demás), tramadol (Ultram y otros) u oxicodona. Los narcóticos intravenosos se utilizan como último recurso.
Los pacientes a quienes se administra anestesia regional informan sentir mucho menos dolor después de la cirugía que aquellos que reciben anestesia general y narcóticos intravenosos. Estos pacientes se levantan de la cama antes, empiezan la fisioterapia igualmente antes y abandonan el hospital uno o dos días antes que los pacientes tratados con anestesia general o narcóticos intravenosos. De todas maneras, incluso con los últimos protocolos, los pacientes podrían presentar efectos secundarios, tales como náusea y vómito, pero en grado menor que con los métodos anestésicos anteriores.
Otra ventaja es que los protocolos de anestesia regional permiten que la cirugía sea una alternativa para los ancianos con otras complicaciones de salud. Hace diez años, a una persona anciana generalmente no se la consideraba candidata para la cirugía debido a que los resultados no habrían sido favorables con las técnicas anestésicas antiguas.
Los médicos reportan menos inconvenientes con estos abordajes para controlar el dolor. La lesión nerviosa es una rara complicación que pudiera presentarse. Los protocolos de anestesia regional representan una mejora y derivan en menos dolor, menores complicaciones y recuperación más rápida. Redacción MD
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