En el marco del Día Mundial de la Actividad Física —que se celebra el 6 de abril—, el Dr. Alfredo Madrigal, especialista del laboratorio Biocodex México, destaca que además de ser bueno para el corazón, mantener el peso ideal, prevenir algunos tipos de cáncer, mejorar el estado de ánimo y potenciar la creatividad y capacidad de aprendizaje, ahora se sabe que el movimiento tiene otra contribución muy específica a la salud.
“Estudios recientes de la Universidad de Cork (Irlanda) y la Universidad de Illinois (Estados Unidos) señalan que la práctica regular de ejercicio propicia una mayor diversidad de la microbiota intestinal, lo que se traduce en mejoras en nuestro metabolismo y la capacidad de respuesta del sistema inmunológico, y menor riesgo de padecer obesidad o inflamación sistémica”, explica.
Actualmente, la inactividad física es uno de los principales factores de riesgo de mortalidad a nivel mundial. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada cuatro adultos y 80% de los adolescentes no tienen un nivel suficiente de actividad física, lo que ha llevado a los estados miembros a implementar políticas que reduzcan el sedentarismo en 10% para 2025.
Entre los factores que desalientan a las personas a mantenerse activas se encuentran el miedo a la violencia y la delincuencia en espacios exteriores, el tráfico denso, la mala calidad del aire y la contaminación, y la falta de parques, aceras e instalaciones deportivas y recreativas.
No obstante, existen alternativas en el día a día para contrarrestar estas circunstancias, detalla el Dr. Madrigal: “Además del ejercicio, trabajar, jugar, viajar y hacer tareas domésticas también se consideran modalidades de actividad física, así como prácticamente cualquier otro movimiento realizado en tiempos de ocio o a la hora de trasladarse a la escuela o al trabajo. Moderada o intensa, la actividad física es beneficiosa para la salud”.
En complemento a la actividad física y una dieta variada, equilibrada y rica en fibra, el especialista recomienda el consumo de probióticos. Presentes en productos lácteos y alimentos fortificados, pero también en comprimidos, cápsulas y sachets, estos microorganismos vivos —en especial, el de origen natural desarrollado a partir de la levadura Saccharomyces boulardii CNCM I-745®— contribuyen al cuidado y fortalecimiento de la microbiota intestinal.
Redacción MD