“Los artículos 215 y 216 de la Ley General de Salud establecen una serie de normas de etiquetado y de condiciones de producción que sólo pueden ser logradas por los grandes laboratorios farmacéuticos, y que resultan imposibles para los pequeños laboratorios que producen los tratamientos herbolarios con plantas medicinales y con base en recetas milenarias. De hecho, la Ley está condenando el sector herbolario al fracaso y la extinción”, dice Zúñiga.
Ciertamente es importante reconocer la relevancia cultural de nuestra medicina herbolaria pero antes es necesario revisar urgentemente que existan las condiciones necesarias para que los campesinos puedan seguir sembrando, recolectando y vendiendo las plantas medicinales (en lugar de esto hay una lista de 432 hierbas prohibidas sin que se hayan presentado estudios que justifiquen su prohibiciión), que se tenga acceso a estas plantas para la investigación y que exista una regulación acorde al sector –un sector constituido por micro y medianas empresas en su mayoría familiares- para la producción y comercialización de tratamientos y productos herbolarios.
“La medicina herbolaria –por su riqueza cultural y por ser una alternativa real de salud- merece ser reconocida, pero antes necesita poder seguir existiendo, poder seguir siendo una realidad”, concluye Zúñiga.
REdacción MD













