El hígado es el segundo órgano más grande de nuestro cuerpo, después de la piel. Pesa alrededor de 1.5 kilos, su tonalidad va de rojo oscuro al marrón y está situado en el cuadrante superior derecho de la cavidad abdominal.
Entre las muchas particularidades del hígado podemos decir que es el único órgano que recibe sangre de dos fuentes diferentes: del corazón, a través de la arteria hepática, y de la vena porta, la cual lleva al hígado sangre de los intestinos.
Entre las múltiples funciones del hígado está la de limpiar la sangre de impurezas, es decir, que ayuda a la desintoxicación, protegiendo así al organismo a través de la modificación de sustancias tóxicas y eliminándolas a través de la orina y las heces fecales.
El hígado se encarga también de degradar los nutrientes tomados de los alimentos y suministrar la energía requerida para las funciones fundamentales del organismo, y ayuda además, a la formación y metabolismo de ciertas vitaminas y minerales, tales como las Vitaminas A, D, B12, hierro, entre otros.
En la formación de la bilis, el hígado cumple un papel protagónico en la digestión y absorción de grasas en el intestino, en la coagulación de la sangre y en el control de los niveles de azúcar en la misma. Y a la par, actúa como depósito de sangre, pues puede almacenar hasta 450 mililitros.
El hígado está formado en un 10 por ciento de tejido adiposo, es decir, grasa, razón por la cual hay que tener cuidado de que este porcentaje no aumente ya que se estaría ante la posibilidad de padecer “Hígado Graso”, enfermedad que se caracteriza por la acumulación de grasa en este órgano, ocasionando que en las zonas afectadas la coloración se torne café-amarillento. A este padecimiento también se le conoce como esteatosis hepática.
Uno de los causantes del Hígado Graso es el Síndrome Metabólico, el cual conjunta obesidad, diabetes, hipertensión y cifras alteradas de triglicéridos o colesterol. En los últimos 10 años se ha incrementado en un 40 por ciento el número de pacientes con hígado graso no alcohólico en México, esto se debe en gran medida a que este padecimiento ha crecido a la par de la obesidad y la diabetes mellitus. El 90 por ciento de las personas que padecen obesidad mórbida corren el riesgo de padecer hígado graso no alcohólico.
Es importante que el padecimiento de Hígado Graso, se detecte de manera oportuna, ya que aumenta el riesgo de padecer cirrosis y llegar hasta cáncer de hígado. En México, la cirrosis y otras enfermedades crónicas del hígado ocupan ya la tercera causa de muerte en la población en general, y se estima que en los próximos años constituya un problema de salud importante (1).
Por desgracia, el hígado graso es una enfermedad que no presenta síntomas y cuando lo hace se manifiesta con fatiga, dolor o sensación de llenura abdominal, pérdida de peso y debilidad. En algunos casos, también suelen encontrarse alteradas las pruebas de función hepática. La biopsia hepática se considera el mejor medio no sólo para diagnosticar, sino también para conocer la extensión del daño. Sin embargo, no es una técnica común en la práctica clínica por su alto costo y por las complicaciones que pueden presentarse, ya que se trata de un procedimiento quirúrgico. Otra forma de diagnosticar si se padece Hígado Graso son los ultrasonidos o tomografías, que pueden sugerir la presencia de dicha enfermedad.
Se estima que dos terceras partes de los adultos que padecen obesidad y la mitad de los niños obesos pueden presentar hígado graso. De hecho, esta enfermedad es la alteración hepática más común en niños entre 2 y 19 años de edad. Comparado con los adolescentes de peso normal, aquellos que padecen sobrepeso u obesidad tienen de 4 a 5 veces mayor riesgo de presentar alguna enfermedad hepática no relacionada con la ingesta de bebidas alcohólicas (2).
Así también, aquellas personas con Diabetes Mellitus Tipo 2 o que tengan una circunferencia de cintura mayor a los 90 cm, corren un alto riesgo de padecer Hígado Graso.
En lo que respecta a la prevención, es importante llevar una alimentación adecuada que ayude a alcanzar y mantener un peso apropiado; diagnóstico y tratamiento de las cifras de triglicéridos, colesterol o glucosa, así como la eliminación del alcohol, y por supuesto, el empleo de fármacos, en este punto es aconsejable que sea siempre bajo supervisión médica.
medix® consciente de que una detección oportuna de los padecimientos gástricos puede evitar complicaciones mayores para la salud,puso en marcha desde principios de año un programa de detección oportuna de Hígado Graso y Helicobacter Pylori en diversas ciudades de la República Mexicana.
Hasta el momento, medix® ha visitado cinco estados de la República cubriendo 17 ciudades, entre las que se encuentran la Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, Puebla y Huatulco. Se han atendido a 12,599 pacientes, de los cuales 7,179 han asistido a las detecciones de Hígado Graso, arrojando un total de 3,999 pacientes positivos y recetados, mientras que 5,420 personas han acudido a las pruebas de Helicobacter Pylori, y de ellos 1,193 pacientes han arrojado resultados positivos y por consiguiente han sido recetados.
Este programa está dirigido al público en general que desee hacerse una detección de Helicobacter Pylori e Hígado Graso.
Redacción MD
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Fuentes
1. Widhalm K, Ghods E. Nonalcoholic fatty liver disease: a challenge for pediatricians. Int J Obes.
2010;34:1451-1467.
2. Principios de Medicina Interna. 16a edición. México: McGraw- Hill; 2006. P. 2058-2070.














